Ciudades en abismo

Queridos amigos/as


Ante todo, quería agradecerles su apoyo a la inauguración de la Web "Ciudades en Absimo" el pasado jueves 29 de enero.
El resultado del proyecto es una Web que dispone de una arquitectura original, como presentar a un libro pero con las técnicas modernas, en web 2.0, agregándole inovación.
A través de este proyecto, la Embajada de Francia quiere dar a conocer artistas españoles y franceses que se apoyan en nuevas tecnologías.
Les presentamos esta mirada franco-hispánica sobre el mundo a través de "Ciudades en Abismo" en la cual los invito a pasear :

ciudadesenabismo.com

Viajar es resituarse a cada instante, es un cálculo a cargo de la inteligencia y de la sensibilidad, un cálculo ultrarrápido, como una descarga eléctrica en un componente electrónico que pasa por todos los puntos en donde hemos estado antes; un cálculo de posición por todos los sitios que hemos cruzado y por todo lo que en ellos hemos vivido y sentido. Escribir mientras se viaja es tomar conciencia de ello y alimentar esa conciencia, es coger algunos de los elementos del la estructura en abismo que constituye un instante del viaje frente a los viajes anteriores, a las situaciones pasadas (o venideras, soñadas o esperadas), y organizarlos en un juego de equilibrio y amplitud. Mi trabajo de escritor que viaja es una organización, casi una “geometrización”, de las situaciones: una forma de describirlas dentro de la estricta modernidad de los juegos, de las comunicaciones, de los desplazamientos en avión que, con la sucesión de sentimientos, de espacios, provoca alineaciones, perspectivas de un mundo a otro, estructuras en abismo en las cuales podemos entrar como si fueran túneles. Desde 1996, vivo entre Asia, París y África alternativamente. En esta vida sin verdaderos “periodos”, lo que determina la existencia de un libro, incluso antes de escribir la primera línea, no es la intuición de un principio y de un final como en una novela, no son las indagaciones realizadas sobre destinos concretos, sobre lugares precisos; es un conjunto, una “bola de coherencia” que, en un momento dado, siento que se cierra y se pone a girar sobre sí misma superponiéndose a todo lo que sigo viviendo, diría que ligeramente suspendida sobre mi cabeza, un poco delante de mí. Y ese día, puedo ponerle título a ese conjunto de elementos, en adelante circunscritos, que dan vueltas y se organizan entre sí; viajo con un libro colgando.
Si bien la escritura siempre es un juego entre ese contenido, fijo, y los lugares donde me instalo para trabajar, los nuevos acontecimientos que se suman a mi vida son postergados hacia  futuros conjuntos. No escribo “poco a poco”, escribo en largas sesiones dolorosas, cuando el libro que tengo pendiente, el libro que tengo que escribir, acaba evitando que la siguiente bola ocupe su sitio con total transparencia en la realidad. El dolor de la escritura está muy relacionado con la acción de soltar lastre, de abandonar un gran número de elementos informales (ideas, movimientos, objetos, imágenes) que forman parte de la “bola de coherencia” pero que no funcionan  “en el texto” o “en el libro”, ya que cuando se publica un libro de textos o de imágenes, se crea un objeto texto-foto, y cuando se alimenta un blog con videos, con textos enviados durante el viaje, nos acercamos al “periódico ilustrado en línea”, y perdemos la verticalidad de una mirada que nos gustaría poder sumergir en las transparencias de los textos superpuestos, de las situaciones superpuestas.
En 2007 Antonin Baudry, Consejero Cultural de la Embajada de Francia en España, se puso en contacto conmigo. No nos conocíamos. Él había leído mis libros escritos en el acantilado de Bandiagara, en Japón, en Indonesia; me preguntó si aceptaría inventar un proyecto, mostrar en Madrid, en colaboración con un creador español, la evolución de mi escritura durante el viaje, mi interrogación sobre el mundo y mi reubicación permanente debido al viaje.  Elegí trabajar con Miguel-Ángel Delgado y aposté por su sensibilidad, su orientación cinematográfica y su experiencia con instalaciones multimedia, para dar forma en Internet, para geometrizar ese momento en que lo informe aún forma parte de la “bola” de un libro en formación.
Ciudades en abismo, geometrización a cuatro manos, es una plataforma suspendida en lo indefinido “entre los viajes”. A menudo he imaginado este espacio “bajo los continentes”, para expresar una dimensión que no se puede calificar, una existencia revelada únicamente por la corriente de aire que hay entre dos situaciones que el escritor compara, como el túnel que  vemos cuando nos situamos entre dos espejos enfrentados. Internet, la irrealidad de Internet, o más bien su espacio cuyo único valor es la multiplicidad de sus puntos de entrada,  era el espacio indicado para la instalación de esta plataforma.

Antonin Potoski 2009